Aunque muchas personas piensan que el dato más importante es el número de dioptrías, actualmente sabemos que el verdadero protagonista en la evolución de la miopía es el crecimiento del ojo.

La miopía aparece porque el ojo crece más de lo normal. Cuanto mayor es ese crecimiento, mayor es el riesgo de desarrollar enfermedades asociadas a la alta miopía en la edad adulta.

Por este motivo, en las unidades modernas de control de miopía no nos limitamos a medir la graduación.

También realizamos mediciones periódicas de la longitud axial ocular, es decir, de la longitud real del ojo.

Este parámetro nos permite saber con precisión si el ojo continúa creciendo, incluso antes de que aparezcan cambios importantes en la graduación.

De hecho, dos niños pueden tener las mismas dioptrías y, sin embargo, presentar riesgos futuros diferentes si la longitud de sus ojos es distinta.

Por ello, el objetivo actual del control de la miopía no es únicamente reducir las dioptrías, sino ralentizar el crecimiento ocular para disminuir el riesgo de complicaciones futuras como:

  • Desprendimiento de retina.
  • Degeneración macular miópica.
  • Glaucoma.
  • Catarata precoz.

En definitiva, las dioptrías son importantes, pero lo realmente importante es controlar el crecimiento del ojo.

Por eso la biometría ocular y el seguimiento de la longitud axial se han convertido en herramientas fundamentales en el control moderno de la miopía.

Si los padres son miopes, ¿cuándo conviene revisar al niño por primera vez?

La miopía tiene un importante componente hereditario.

Cuando uno o ambos progenitores son miopes, el riesgo de que el niño también desarrolle miopía aumenta significativamente.

Por este motivo recomendamos realizar revisiones oftalmológicas periódicas desde edades tempranas, incluso aunque el niño no refiera problemas visuales.

La detección precoz permite identificar los primeros signos de progresión y actuar antes de que la miopía alcance graduaciones elevadas.