No existe una presión concreta que obligue a operar.
La decisión se basa en múltiples factores:
- Nivel de presión intraocular.
- Estado del nervio óptico.
- Campo visual.
- Velocidad de progresión.
- Edad del paciente.
- Tolerancia a los tratamientos.
Operamos cuando consideramos que el riesgo de progresión es superior al riesgo de la intervención y cuando los tratamientos previos no permiten alcanzar la presión objetivo.


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