La mayoría de los niños mejora espontáneamente durante los primeros meses de vida.
Muchos casos se resuelven antes del año de edad.
Cuando la obstrucción persiste más allá de los primeros meses o provoca infecciones repetidas, puede ser necesario realizar procedimientos específicos para abrir la vía lagrimal.
La indicación depende de cada caso y de la evolución del niño.


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